viernes, 15 de enero de 2010

† • First Chapter • †

-¿Quién podría amarme lo suficiente para estar dispuesto a perder su preciada vida ? Si alguien se ahogara y muriera en el mar por mi amor entonces podría liberarme de esta piedra y volver a vivir... Vivir. Si yo fuese a reencarnar en alguien más, y vivir con la persona que me trajera de vuelta.
Será cuando llore en mi soledad. Incluso si mi sangre se añeja como el vino, ¿de que podrá servir?.
Ello no traerá de vuelta al que tanto cuido de mi desde lo profundo del mar...-


El Secreto.


Mientras la cálida luz que traspasaba los vidrios de los amplios ventanales de aquella tienda de antigüedades provocaba hermosos reflejos hipnotizantes en una frágil y exótica copa.


El cielo se mostraba gris en un día normal de invierno en que el agua se dejaba caer y las personas corrían ocultándose de una pesada lluvia. Aquel frió día, la tienda de antigüedades abrió sus puertas como de costumbre, pero a diferencia de los anteriores sería especial y único con la llegada de una embarcación cargada de antigüedades europeas. Edward, estudiante  de arte y encargado de ordenar las piezas, se hacia cargo de recibir las antigüedades en ausencia del real dueño de la tienda.
La tarde llegaba y la luz comenzaba a caer mientras el sol se ocultaba tras las nubes. Un joven de cabellos oscuros y de pálida piel se mantenía sentado frente a una interminable pila de reliquias, mientras sus ojos de color miel parecían perdidos en aquellos objetos. Entre sus manos mantenía un reloj de plata, los punteros marcaban la media noche mientras sus dedos se deslizaban por el cristal que los cubría. 
Se puso de pie, caminando hacia la vitrina donde lo dejó con suavidad sobre una caja. Aun algunos rayos de luz se divisaban en los vidrios de los ventanales de la tienda, Edward continuaba con su trabajo hasta sentir la campanilla de la puerta de entrada.
Corrió hasta el encuentro de quien seguramente era un nuevo comprador, ya que al parecer desconocía que la tienda no abría sus puertas al público en aquel horario.
Se sorprendió al encontrarse con kristine, aquella niña de cabellos largos y rizados, su amiga de la infancia; con quien había compartido gran parte de su vida y quien actualmente vivía muy cerca de la tienda en la que el trabajaba.
-¡Edward!- Dijo mientras lo miraba con su acostumbrada sonrisa amable.
-Kristine...¿Qué haces aquí?- respondió Edward, algo sorprendido, ya que no imaginaba recibir su visita y mucho menos en un día tan pesado para él.
-¿Cómo es eso de que hago aquí? Pues he venido a visitarte.- decía Kristine mientras observaba detenidamente los nuevos objetos de la  tienda. - has trabajado demasiado, por eso he venido y te he traído esto.- mientras dejaba sobre el escritorio algunas bolsas que cargaba.
-Solo me falta esa caja.- respondió sonriéndole cálidamente, mientras señalaba una caja de gran tamaño.
-Se ve bastante valiosa.- Dijo curiosa la joven de 17 años.
Por un momento Edward se sintió completamente hipnotizado con la caja que traía grabadas las iniciales " "C.A", sintió en su cuerpo una extraña sensación que lo impulso a acercarse a aquella caja de contenido desconocido, situó sus manos en la delicada cubierta de esta, pero algo en si mismo le impidió abrirla.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario